¿Se acuerdan del boom de publicidad? Empezó en los 60´ con unos cuantos anuncios de mujeres repuestitas y terminó en la famosísima globalización (una de esas big words que, la neta, ya nos cansamos de escuchar). Qué tan afortunado se sentía el mundo de tener todo tipo de productos al alcance; con la globalización el consumidor podía tener lo que quisiera, cuando quisiera y como quisiera.

Gracias a este fenómeno surgieron las cadenas restauranteras. El chiste era que todos los foodies pudieran gozar de los mismos empaches donde quiera que fueran. Que el viajero, el local, el turista y el migrante se sintieran en cualquier sucursal casi tan cómodos como Pedro por su casa. Pero como ni el huevo ni la gallina fueron primero y todo forma parte de un ciclo, esta tendencia cambió y ahora la cosa está en los restaurantes independientes. No basta ser un changarro que ofrezca alimentos y bebidas para sobrevivir, hasta en el mundo “independiente” hemos visto que sólo sobrevive quien invierte en la experiencia del consumidor, que hoy pide autenticidad.

Sólo en México hay alrededor de 550,000 restaurantes. Esto quiere decir que la competencia está a tope y que los mexas tienen mucho de dónde escoger. De esta cantidad de establecimientos, el 96% son restaurantes independientes y sólo el 4% siguen ofreciendo producción en masa. Uno pensaría que las cadenas están hasta en la sopa. Pero no, los que están arrasando con el mercado son todos esos establecimientos que tienen un “algo más” que ofrecer.

Porque con justa razón, nuestros queridos consumidores ya no buscan sólo taparse una muela. Quieren ofertas independientes, auténticas, ingeniosas. El meollo del asunto está en crear experiencias personalizadas para todos y para cada quien: los foodies no quieren que los pongamos en el mismo costal de papas con el resto de los consumidores, por eso no buscan lo que todo el mundo busca, sino algo con lo que se puedan identificar, algo que puedan descubrir.

¿Qué podrían descubrir, si tienen todo el entretenimiento en algo que cabe en la palma de su mano? Ahí está el detalle, en vez de ver a la tecnología como un obstáculo, vale la pena usarla a nuestro favor. Esta realidad juega un papel importante y constante en la ecuación cuando se trata de desarrollo. Los procesos tecnológicos van a toda velocidad. En vez de ser rejegos y resistentes a estos cambios, démosle a los consumidores una razón más para levantar la mirada de la pantalla y disfrutar algo único y completo. La tecnología revolucionó nuestra manera de ver el mundo y con él, está revolucionando la industria de alimentos y bebidas.

Dicen que nadie conoce el fondo de la olla más que la cuchara que la mueve. En Mero Mole somos la cuchara de todas las ollas y el ajonjolí de todos los moles. Los consumidores quieren conectarse con el producto y nosotros sabemos cómo conectarlos. Quieren que los productos se adecúen a su personalidad, a su identidad. No buscan cerrar un buen deal, la típica relación costo-beneficio ya no es su único objetivo. Más bien quieren diseño, autenticidad, quieren descubrir una experiencia inolvidable para poderla recomendar y compartir para siempre.

Por: Los Meros Meros.