Ya quedamos que la industria de alimentos y bebidas (A&B) está jugando un papel protagonista en los centros comerciales (si todavía no se enteran, chequen nuestro artículo pasado). Pero esto ya no es gracias a las horas de shopping que ponen a sonar las tripas. La zona de A&B ya no es un empachadero, ahora representa un punto de flujo importante para el tráfico de cualquier centro comercial (CC). Como vimos en el artículo anterior, a las tiendas “ancla” las están mandando a navegar y ahora no queda más que llenar esos espacios, y qué mejor que con experiencias a través de la comida. Pero no con comida tipo food court, ese prototipo ya no es atractivo ni suficiente para la supervivencia de un CC: con justa razón los consumidores quieren algo más salsa.

La comida rápida parecía ser muy eficiente: al final del día uno llegaba, ya sabía a lo que iba, encontraba alguna mesa vacía, seguramente con alguna que otra servilleta echa bola, y se sentaba a saciar el hambre sin más. Suena terrible pero, la experiencia pareciera igualar a la variedad. ¿Por qué? El 90% de estos espacios tienen las mismas marcas, son monótonos y los foodies ya saben que no le pueden pedir peras al olmo: al food court se va a callar la tripa, nada más. Pero como ya sabemos, los clientes son personas cada vez más sofisticadas, más enteradas y más conscientes de lo que quieren comprar y vivir. Por eso los CC necesitaban darle un giro a este concepto ayer, para evitar que todos sus consumidores salgan por patas a buscar una mejor experiencia en otro lugar.

Aunado a esto, el bombardeo de información al que tenemos acceso también ha influenciado a este cambio. El boom de los programas de televisión sobre comida han hecho que los foodies se conviertan en todos unos exquisitos que ya no buscan nada más el buen comer. La cara ya no se las ve ni su amigo más viejo, no importa cuántas ofertas de hamburguesas baratas les hagan, el precio ya no los engaña, ellos buscan experiencias inolvidables. El buen comer ahora significa buen vivir a través de viajes gastronómicos. Y no viajes masivos tipo all inclusive, más bien viajes planeados, personalizados, únicos y memorables.

Para cubrir esta necesidad surgen nuestros queridísimos Foodie Markets®. El foodie promedio no quiere llegar a un espacio retacado de mesas con una vibra genérica, siendo un turno más en el sistema. Los Foodie Markets® están diseñados exclusivamente para los foodies. Son espacios que aluden a los sentidos, con una arquitectura y distribución especial para fomentar la convivencia. Son modernos, estéticos; no son espacios que emanan olor a comida procesada a kilómetros de distancia. Permiten que cada consumidor se identifique según sus gustos y preferencias. Que su experiencia no sea gris, sino todo un jolgorio.

En nuestra tierra patria ya existen 19 mercados gastronómicos de los cuales Mero Mole está desarrollando ocho, o sea, casi la mitad (¡aplausos!). Conocemos el corazoncito de los consumidores, y sabemos que una panza llena ya no es suficiente, los foodies buscan lo más salsa, pero de la salsa buena, picosa y de molcajete. Por eso estamos convencidos que el futuro de los CC está en crear estos espacios creativos; y no sólo en los establecimientos old fashion, también en los que se están construyendo desde cero. Este nuevo concepto surge para darle vida a los centros comerciales generando tráfico y superando las expectativas de todos los consumidores.

Por: Los Meros Meros.