Desde su publicación la semana pasada, la lista de los 50 mejores restaurantes del mundo ha estado en boca de todos y en Mero Mole queremos subirnos al tren.

El panel, formado por 1000 expertos en gastronomía, le dio el número 1 a un ya clásico de Nueva York: Eleven Madison Park, descrito como un ícono en donde la hospitalidad y la cocina son elevadas a formas de arte.

“La fusión perfecta entre la espectacular hospitalidad y la exquisita comida en un escenario icónico en Nueva York han convertido a Eleven Madison Park en el número uno”, aseguraron los más salsa del panel.

Adelantándose al esperado resultado, dos de nuestras molers más tragonas visitaron el restaurante y aquí nos comparten su visita:

Screen Shot 2017-04-11 at 5.01.46 PMCuando planeamos el viaje, Eleven Madison Park era el número tres en The World’s 50 Best Restaurants, así que estaba claro que teníamos que ir.

Reservamos un mes antes y apenas encontramos lugar. De entre las opciones, escogimos el menú degustación de 5 tiempos y, cuando nos preguntaron si íbamos por una ocasión especial, decidimos fingir un cumpleaños. Ya saben, por mera curiosidad.

Al llegar nos sorprendió encontrar una fachada intacta, en donde solo resaltaba el logo del restaurante. Esta poca intervención en la arquitectura la encontramos constantemente en la ciudad. Lo primero que notamos al entrar fue la decoración tan sencilla y clásica, de la que nos olvidamos durante toda la noche hasta salir. Solo entonces nos dimos cuenta que es meramente intencional para dirigir toda la atención al servicio y los sabores. ¡Agárrense!, que así de pensado se lo tienen todo.

La atención fue espectacular. Al llegar al lugar ya nos estaban esperando dos hosts, que enseguida felicitaron a la presunta cumpleañera. Tan pronto nos sentamos, se acercó nuestra mesera a ofrecer también su felicitación y explicarnos en qué consistía el menú.

Entre tres personas se coordinaban y dividían responsabilidades para estar al pendiente de sus mesas asignadas; y todos –importantísimo- estuvieron siempre enterados de todo lo que pasaba a su alrededor y no quitaron el ojo del detalle.

Igual de sorprendente fue el menú, que constaba de tiempos con platillos establecidos y otros con la posibilidad de elegir entre tres opciones. Además del sabor, el tamaño de las porciones fue muy satisfactorio.

Los primeros tiempos:FullSizeRender

Huevo de codorniz crudo con jamón, caviar y salsa holandesa; foie gras relleno de pasta de trufa negra, cubierto con hojas de champiñón; scallops con cebollitas al grille y poros rellenos de mouse de champiñón y crema holandesa y butternut squash relleno de tuétano y crema de zanahoria.

Para acompañar, pan recién salido del horno -tanto, que reconocimos el olor antes de ver el plato-, mantequilla con un crust de oveja deshidratado y, al lado, sal de mar.

Los platos fuertes:

Oxtail con puré de papa, raíz de apio y trufa negra y pechuga de pato con crust de pimientas y miel – ¡el mejor platillo que hemos probado en la vida! El crust estaba perfectamente crujiente y la carne roja y muy suave. La acidez de la cebolla y la dulzura del dátil -que acompañaban al platillo- complementaban perfecto el sabor picoso de la pimienta. Sin querer pecar de poéticas, en cada mordida hubo una explosión de sabor.

Los postres:

Manzana verde con granola rellena de sorbete de manzana y croqueta rellena de queso hooligan con trufa negra. ¿Postre salado? Aunque usted no lo crea.

 

La ruta culinaria terminó con dos pretzels de chocolate con sal y un vino dulce. ¡Exquisito!

El cierre de la noche fue perfecto. Mientras limpiaban la mesa, un mesero con quien no habíamos coincidido se acercó a preguntarnos en español cómo habíamos encontrado todo; fue un gran detalle. Nos entregaron a cada una, en seguida, una bolsa con los íconos del restaurante; dentro, un frasco de granola hecha ahí mismo y el menú personalizado impreso, para tener todos los detalles. La cumpleañera salió ganona con una cajita -igualmente brandeada- con dos chocolates.

En el momento en que nos levantamos ya había alguien esperándonos en la puerta con nuestros abrigos en mano. Insistimos, ¡siempre al pendiente!

Íbamos con altas expectativas, por supuesto, así que decir que las superó es mucho más que una flor. El branding –presente hasta en el más mínimo detalle- y el interiorismo están completamente alineados al concepto. Y el perfecto monitoreo de las reservaciones y el control en piso fueron tan dignos de aplauso como las combinaciones de sabores únicos y la presentación artística de cada platillo.

De parte de Mero Mole, ¡felicidades a Eleven Madison Park! Un Número Uno más que merecido.

Créditos a las viajeras: Luisa, Chipocluda Hero Guest y Ana Pau, La Más Salsa en Hosptalidad.
*Desde junio hasta septiembre de este año, Eleven Madison Park cerrará por renovaciones.